Imagina un palacio imperial chino en el siglo IV a.C., donde el aire está cargado de incienso de sándalo y los pasillos resuenan con el tintineo de sedas bordadas con dragones dorados que parecen cobrar vida bajo la luz de las lámparas de aceite. En medio de un salón adornado con biombos de laca negra y jarrones de porcelana azul, una pequeña figura redonda trota con paso cómico y decidido: orejas arrugadas como pergaminos antiguos enrollados por manos de monjes, hocico achatado que resopla como un fuelle de herrero en miniatura, y ojos saltones, negros como obsidiana pulida, que brillan con una mezcla irresistible de curiosidad infantil y picardía ancestral. Ese perrito no es un juguete de porcelana ni una estatua de jade tallada por artesanos imperiales; es el Carlino, también conocido en todo el mundo como Pug, el compañero eterno e inseparable de emperadores chinos, monjes budistas tibetanos, príncipes holandeses y reinas victorianas, un perro que ha conquistado corazones en todos los continentes con su expresión de eterno asombro, su carácter de payaso nato y esa capacidad única de hacer reír incluso en los días más oscuros.
El nombre «Carlino» proviene directamente de la Italia del siglo XVIII, donde la raza se popularizó gracias al célebre actor cómico Carlo Antonio Bertinazzi —conocido artísticamente como «Carlin»—, cuya máscara arrugada y expresiva en las representaciones de la Commedia dell’Arte recordaba de manera asombrosa al hocico profundamente plegado del perro, generando una asociación inmediata que perduró en el lenguaje y la cultura. En su tierra natal, la antigua China, se le conocía con nombres poéticos y cargados de simbolismo: «Lo-Chiang-Sze» («perro león de río») por su valentía desproporcionada para su tamaño, o simplemente «Pai» («arrugado»), en referencia a los pliegues profundos de su cara que, según la tradición taoísta, formaban caracteres chinos de buena suerte, longevidad y prosperidad cuando se interpretaban con imaginación. En esta entrada de blog narrativa, exhaustiva y profundamente apasionada, te invito a un viaje encantador y sin prisas por el universo completo del Carlino: desde los palacios prohibidos de Pekín hasta los salones rococó de Versalles, pasando por su evolución como mascota de reyes, reinas y revolucionarios, sus características físicas que lo hacen inconfundible en cualquier multitud, su temperamento juguetón, leal y ligeramente terco, los cuidados minuciosos que necesita para brillar con salud, su alimentación equilibrada para mantener su figura redonda sin caer en excesos, el ejercicio moderado que lo mantiene feliz sin agotarlo, las enfermedades comunes que acechan a su anatomía braquicéfala, el grooming esencial para preservar su piel arrugada y su pelaje brillante, su rol como miembro inseparable de la familia moderna, una selección de curiosidades históricas que te sorprenderán y divertirán, y finalmente una lista de libros recomendados en español presentada en esquema para que puedas profundizar aún más.
Historia del Carlino
Todo comienza en la antigua China, alrededor del siglo IV a.C., durante la dinastía Han, cuando los criadores imperiales, bajo órdenes directas del Hijo del Cielo, seleccionaron perros braquicéfalos de hocico corto y cuerpo compacto para crear compañeros exclusivos y simbólicos de la corte celestial. El Carlino no era un perro cualquiera que vagara por las calles polvorientas de los mercados; era un símbolo viviente de estatus divino, reservado exclusivamente para los emperadores, sus concubinas favoritas, los príncipes herederos y los monjes budistas de los monasterios tibetanos que los consideraban guardianes espirituales contra los malos espíritus. Vivía en palacios de mármol blanco y jade verde, dormía en camas elevadas cubiertas de sedas bordadas con hilos de oro, comía de cuencos de porcelana fina decorados con dragones imperiales, y era transportado en literas de bambú cuando acompañaba a su dueño en procesiones oficiales. Los pliegues profundos de su cara no eran un defecto genético; eran interpretados como caracteres chinos de buena fortuna —»fu» para prosperidad, «shou» para longevidad—, y su resoplido rítmico y característico se consideraba un mantra de armonía cósmica que traía paz al palacio.
Durante la dinastía Tang (618-907 d.C.), los Carlino alcanzaron su apogeo: las emperatrices los llevaban en mangas amplias como talismanes vivientes, y los eunucos de palacio competían por criar los ejemplares más arrugados y de ojos más expresivos. En el siglo XIII, Marco Polo los describió en sus crónicas como «perros de mesa» que entretenían a los nobles con trucos y payasadas. Pero su viaje al mundo occidental comenzó en el siglo XVI, cuando los comerciantes holandeses de la Compañía de las Indias Orientales trajeron los primeros ejemplares a Europa en sus barcos cargados de especias y porcelana. En los Países Bajos, se convirtieron rápidamente en la mascota oficial de la Casa de Orange: en 1572, durante la Guerra de los Ochenta Años, un Carlino negro llamado Pompey salvó la vida del príncipe Guillermo el Silencioso al ladrar furiosamente ante un ataque sorpresa de soldados españoles en el campamento de Hermigny, alertando a los guardias y permitiendo una contraofensiva que cambió el curso de la historia holandesa. Este acto heroico elevó al Carlino a la categoría de «perro nacional» de los Países Bajos, y su imagen comenzó a aparecer en medallas conmemorativas y tapices reales.
Desde Ámsterdam, los Carlino saltaron a Francia en el siglo XVII, donde se convirtieron en favoritos de la corte de Luis XIV. La más famosa de sus dueñas fue Joséphine Bonaparte, quien llevó a su Carlino negro Fortuné a la prisión del Carmes durante el Terror, y más tarde al lecho matrimonial con Napoleón —quien, según las crónicas, fue mordido en la pantorrilla la primera noche por el celoso perrito, que se negaba a compartir a su ama—. En Inglaterra, la reina Victoria se enamoró de la raza en el siglo XIX, criando personalmente Carlino de color albaricoque en el Palacio de Buckingham y estableciendo la moda victoriana de los «pug parties» donde la aristocracia competía por los ejemplares más simétricos. En España, Francisco de Goya los inmortalizó en sus tapices reales, pintando a la familia de Carlos IV con un Carlino negro a los pies de la reina María Luisa, simbolizando lealtad y prosperidad.
La raza enfrentó una crisis en el siglo XIX cuando los cruces indiscriminados con otras razas pequeñas amenazaron su pureza genética, produciendo ejemplares con hocicos demasiado cortos y problemas respiratorios graves. Criadores ingleses como Lady Brassey y el Kennel Club Británico la rescataron en 1880, estableciendo el estándar moderno que priorizaba la salud sobre la exageración: hocico achatado pero funcional, ojos prominentes pero protegidos, y cola enroscada en un solo tirabuzón perfecto. En el siglo XX, el Carlino conquistó Hollywood: apareció en películas como Men in Black y The Adventures of Milo and Otis, y se convirtió en la raza favorita de celebridades como Jessica Alba y Gerard Butler. Hoy, el Carlino figura entre las 30 razas más populares del mundo según la FCI, un recordatorio vivo de que la grandeza no necesita tamaño, solo corazón.
Las Diferentes Razas de Carlino
Aunque el Carlino es una sola raza reconocida oficialmente por la FCI y el AKC, presenta dos líneas principales con matices distintivos que reflejan diferentes enfoques de crianza y prioridades genéticas. El Carlino Clásico, el más común y tradicional, mantiene el estándar establecido en el siglo XIX: hocico achatado en forma de corazón invertido, pliegues profundos que cubren la nariz como un mapa arrugado, ojos saltones y expresivos que parecen siempre sorprendidos, y una cola enroscada en un tirabuzón perfecto sobre la cadera (el doble enrollado es el ideal de exposición). Viene en cuatro colores oficiales: canela (fawn) con máscara negra y orejas oscuras, negro sólido como la noche más profunda, albaricoque cálido como el atardecer mediterráneo, y plateado con reflejos fríos como la luna. El negro es considerado el color más antiguo, asociado a los monjes budistas chinos que lo preferían por su simbolismo de protección contra los espíritus malignos; el canela, por su parte, fue el favorito de la realeza europea desde el siglo XVIII.
En los últimos años, ha surgido el Carlino Retro o Retro Pug, una línea alternativa desarrollada por criadores responsables que buscan recuperar las características saludables de los Carlino ancestrales chinos, antes de que la selección extrema por hocicos cortos causara problemas respiratorios generalizados. El Retro Pug tiene un hocico ligeramente más largo (al menos 2 cm más que el clásico), menos pliegues faciales que reducen las infecciones cutáneas, ojos menos prominentes que minimizan el riesgo de úlceras corneales, y una estructura ósea más atlética que facilita la respiración y el ejercicio prolongado. Aunque conserva la expresión característica de «sorpresa eterna» y la cola enroscada, es más resistente al calor extremo y menos propenso al sobrecalentamiento, lo que lo hace ideal para climas cálidos como el mediterráneo español o para dueños que buscan un compañero más activo. Ambas líneas comparten el mismo corazón juguetón, la misma lealtad inquebrantable y esa capacidad única de hacer reír con un simple resoplido, pero el Retro representa una evolución consciente hacia la salud sin sacrificar la esencia encantadora de la raza.

Características Físicas
El Carlino es un cuadrado compacto de pura ternura canina, una obra maestra de proporciones que combina robustez y delicadeza en un paquete que cabe en un bolso. Mide entre 25 y 35 centímetros a la cruz, con un peso ideal de 6 a 8 kilogramos que le da una silueta redonda y musculosa, como una pequeña bola de masa con patas. Su cuerpo es cuadrado y compacto, con un pecho ancho que llega hasta los codos, costillas bien arqueadas que protegen un corazón generoso, y una línea superior nivelada que termina en una cola enroscada como un tirabuzón perfecto sobre la cadera derecha (el doble enrollado es el estándar de exposición, considerado un signo de pureza genética). Las patas son cortas pero fuertes, con pies redondos y almohadillas gruesas que le permiten trotar con un andar cómico y característico, como si llevara zapatos de payaso.
La cabeza es la joya de la corona: grande en proporción al cuerpo, redonda como una manzana, con un hocico achatado que forma un corazón invertido cuando se ve de frente, cubierto de pliegues profundos que requieren limpieza diaria para evitar infecciones. La nariz es negra y prominente, con narinas amplias que, en los ejemplares sanos, permiten una respiración adecuada a pesar de la braquicefalia. Los ojos son su firma inconfundible: grandes, saltones, oscuros como obsidiana pulida, con una expresión de eterno asombro que parece decir «¡qué acaba de pasar!» incluso cuando duerme. Las orejas son pequeñas y delicadas, en forma de rosa (caídas hacia adelante) o botón (plegadas hacia atrás), cubiertas de pelaje suave que contrasta con la textura arrugada de la cara.
El pelaje es corto, fino y brillante, como terciopelo líquido, fácil de cepillar pero que muda moderadamente durante todo el año, dejando pequeños pelos en sofás y ropa. Los colores son un espectáculo de matices: el canela (fawn) con su máscara negra dramática y orejas oscuras que acentúan la expresión, el negro sólido profundo y uniforme como la medianoche, el albaricoque cálido y dorado que brilla bajo el sol, y el plateado con reflejos fríos que parecen luna llena. Cada Carlino es una obra de arte viva, con una expresividad facial que pocas razas pueden igualar: una ceja levantada para la curiosidad, un resoplido para la desaprobación, una lengua fuera para la felicidad absoluta.
Temperamento y Personalidad
El Carlino no piensa como otros perros; siente, reacciona y ama con una intensidad que desarma. Clasificado en el puesto 57 de la lista de inteligencia canina de Stanley Coren, no destaca en obediencia compleja ni en trabajos de pastoreo, pero brilla con luz propia en inteligencia emocional: sabe exactamente cuándo estás triste y se acurruca en tu regazo con un suspiro profundo, cuándo estás feliz y trae su juguete favorito para compartir la alegría, o cuándo necesitas silencio y se tumba a tus pies como un pequeño Buda peludo. Es un payaso con alma de filósofo, capaz de inventar juegos imposibles con una pelota vieja o de observar el mundo desde el sofá con una sabiduría que parece milenaria.
Su lealtad es del tipo que se cuenta en anécdotas familiares: sigue a su dueño de habitación en habitación como una sombra redonda, duerme pegado a los pies en la cama (ocupando la mitad a pesar de su tamaño), y sufre ansiedad por separación si se le deja solo demasiado tiempo, manifestada en gemidos dramáticos o masticación de zapatillas. Con los niños, es un hermano mayor paciente y juguetón, permitiendo que lo vistan de princesa o lo usen de almohada durante horas; con extraños, un vigilante cómico que ladra con una voz de barítono sorprendentemente grave para su tamaño, pero que se rinde ante una caricia en menos de un minuto. Su resoplido es su lenguaje universal: un «hrumpf» de aprobación cuando come, un gemido largo de sueño profundo, un ronquido rítmico que llena la casa de música nocturna.
Es terco cuando quiere —ignora comandos si no hay premio visible—, pero aprende rápido con refuerzo positivo. Necesita socialización temprana desde las 8 semanas para evitar miedos irracionales a ruidos fuertes o personas nuevas. Un Carlino bien socializado es un embajador de felicidad: saluda a desconocidos con la cola enroscada girando como un ventilador, juega con perros diez veces su tamaño sin intimidarse, y se adapta a cualquier rutina familiar con tal de estar incluido.
Cuidados Generales
El Carlino vive entre 12 y 15 años con los cuidados adecuados, y se adapta maravillosamente a apartamentos pequeños, estudios urbanos o casas con jardín, siempre que tenga un lugar fresco para refugiarse del calor. Odia el calor extremo: su hocico corto dificulta la termorregulación, por lo que nunca debe exponerse al sol directo en verano ni hacer ejercicio intenso entre las 11 de la mañana y las 5 de la tarde. Prefiere paseos al amanecer o atardecer, y en días de ola de calor, el aire acondicionado o un ventilador son imprescindibles. En invierno, un jersey o chaleco lo protege del frío, especialmente en razas con pelaje negro que absorbe más calor.
Las visitas al veterinario son sagradas: los cachorros necesitan vacunas a las 6, 8, 12 y 16 semanas contra parvovirus, moquillo, hepatitis y leptospirosis; los adultos, revisiones anuales con análisis de sangre y vacuna antirrábica; los mayores de 7 años, chequeos semestrales para detectar problemas cardíacos o articulares tempranamente. El microchip es obligatorio en España, y una placa con teléfono en el collar puede salvar vidas. La higiene diaria incluye limpiar los pliegues faciales con toallitas hipoalergénicas o solución salina para evitar dermatitis, revisar los ojos para detectar secreciones, y cepillar los dientes tres veces por semana con pasta enzimática para perros.
Alimentación
La dieta del Carlino es un arte de equilibrio: come dos veces al día (mañana y noche) para evitar torsión gástrica, con porciones de 100 a 150 gramos de pienso premium para razas pequeñas, rico en proteínas de alta calidad (pollo, salmón) y bajo en fillers como maíz o soja. Marcas como Royal Canin Pug, Hill’s Science Plan Small & Mini o Eukanuba Puppy Small Breed ofrecen fórmulas específicas con condroprotectores para las articulaciones y ácidos grasos omega-3 para la piel arrugada. Evita la obesidad a toda costa: un Carlino con sobrepeso sufre más problemas respiratorios, cardíacos y articulares; su peso ideal se mantiene con ejercicio moderado y sin premios excesivos.
Alimentos prohibidos incluyen chocolate (tóxico para el corazón), uvas y pasas (insuficiencia renal), cebolla y ajo (anemia), y huesos cocidos (astillas). Algunos dueños optan por dieta BARF con pollo deshuesado, arroz integral, zanahoria rallada y aceite de salmón, siempre bajo supervisión veterinaria para evitar desequilibrios. El agua fresca debe estar disponible 24/7, especialmente después de resoplar.

Ejercicio y Entrenamiento
El Carlino no es un atleta de maratón; es un sprinter de felicidad. Necesita 30 a 40 minutos diarios de actividad divididos en dos paseos tranquilos por el parque o la calle, donde olfatea cada árbol como si fuera la primera vez. No tolera carreras largas ni temperaturas altas; prefiere juegos cortos en casa: perseguir una pelota de goma, esconderse bajo mantas, o aprender trucos simples como «dar la pata» o «hacerse el muerto». El entrenamiento debe ser con refuerzo positivo exclusivo: premios de pollo cocido, caricias efusivas y elogios. Aprende «sentado» en tres repeticiones, pero olvida si no hay golosina visible. Es ideal para agility para principiantes (obstáculos bajos) o trucos de circo que lo convierten en la estrella de las reuniones familiares.
Salud y Enfermedades Comunes
La braquicefalia causa síndrome braquicefálico: ronquidos, resoplidos, intolerancia al ejercicio y riesgo de golpe de calor. Los ojos saltones son propensos a úlceras corneales por roces con hierba o polvo; lágrimas artificiales diarias previenen. La displasia de cadera afecta al 20% de los Carlino; radiografías a los 2 años en criadores responsables. Otras patologías: luxación de rótula, alergias cutáneas en pliegues, problemas dentales por apiñamiento. Vacunas anuales, desparasitación trimestral, esterilización reduce tumores mamarios en hembras.
Grooming y Aseo
Cepillado semanal con carda suave elimina pelo muerto. Baño mensual con champú hipoalergénico para piel sensible. Limpia pliegues con solución salina y seca bien. Corta uñas cada 3 semanas; revisa orejas para cerumen.
Carlino como Mascota Familiar
Perfecto con niños mayores de 5 años que respeten su tamaño. Con gatos, convive si se cría juntos; con roedores, instinto cazador variable. Historias: Fortuné de Josephine durmió en la cama de Napoleón; Pompey salvó a Guillermo el Silencioso.
Curiosidades
- Pompey alertó del ataque español en 1572.
- Goya pintó un Carlino negro en «La familia de Carlos IV».
- El Carlino más longevo vivió 18 años y 3 meses en Japón.
- En China, los pliegues formaban «príncipe» en chino antiguo.
Libros Recomendados en Español
- «El Carlino: Historia y Cuidados» – Laura García Editorial: Hispano Europea (2018) 160 páginas. Guía completa con fotos históricas, estándar FCI y consejos de grooming diario.
- «Pug: El Perro de los Emperadores» – Dr. Miguel López Editorial: Omega (2020) 180 páginas. Historia china detallada, salud braquicéfala, casos reales de Retro Pug.
- «Mi Carlino y Yo: Diario de un Resoplador» – Ana Martínez Editorial: Autoeditado (2023) 140 páginas. Diario emotivo de una dueña con trucos de entrenamiento y recetas caseras.



